miércoles, 28 de agosto de 2013

Capítulo 2

expr:id='"post-body-" + data:post.id' itemprop='description articleBody'>


No puedo evitar pensar que todo esto sigue siendo una pesadilla, voto por dejarme llevar y a raíz de ello poner mis ideas en orden. Pero sigo asustada, una cosa no quita a la otra.

Liam y yo subimos al ascensor, en el cual hay un espejo enorme. Me observo en él de reojo - ¿Qué te ha pasado Martha? Esa no eres tú. - dice mi conciencia. Como si no lo supiese ya. Dios santo, ojalá supiese qué pasa. Me decanto a decirle algo a Liam, pero él se adelanta.

- ¿Sabes? Ayer lo pasé muy mal… - susurra mirando al suelo -. Pensaba que esta vez no saldrías de esta.
- ¿De esta? ¿Cuántas veces me han hospitalizado? - pregunto intentando alimentar mi mente.
- No sé si te acordarás, hará unos tres años intentaste… - Me mira con los ojos brillantes -. Ya sabes, Niall. Cuando te hospitalizaron no sabía si podrían cosértelas o no…- Inspira profundamente y resopla, puedo notar como la retina de sus  ojos pasa de blanco a un rosa rojizo.

Me quedo en silencio, ¿Niall también ha intentado quitarse la vida? Parece ser que no soy la única que no quería estar en su propio cuerpo. Liam me abraza y yo me dejo llevar por él, Niall es su hermano después de todo. Vuelvo nuevamente a mirarme al espejo, observando mi cara y la nuca de Liam abrazándome. ¿Me acostumbraré a esto? La respuesta es bastante compleja.

Después de once pisos, por fin salimos de ese apestoso ascensor. Aire, es lo que necesitaba. Bajamos las escaleras del hospital y nos dirigimos al parking. La señora de la melena rubia nos saluda y grita mi nuevo nombre.

- Ahí está mamá, vamos. - Caminamos hacia ella y se acerca a mí para dame un beso en la frente.
- Estoy tan contenta de que estés bien, cielo. - Me quedo un poco anonadada, pero le sonrío como puedo.
- Gracias… - Digo mirándome en el reflejo del cristal del coche. Me gusta lo que veo, pero quiero saber qué ha pasado.

No sé si salir huyendo o permanecer como si todo esto fuese normal. Me apuntaré lo de la fuga, pero de momento necesito saber en qué parte de mundo estoy.

Subo en la parte trasera, y digamos que “mamá” y Liam están delante. Me apoyo en el respaldo del asiento. Dios, cómo me duele la cabeza. Para no hacerme daño opto por echar la cabeza un poco hacia delante. Aun así me tira un poco, esto es insoportable.

Me da miedo mirarme otra vez en el reflejo del cristal, fijarme en cada uno de mis rasgos. Cada una de mis pecas, mis ojos azules, mi pelo rubio oscuro, mi rostro en sí…
Espero encontrar todas las respuestas a mis preguntas. ¿Soy un chico de diecinueve que ha soñado que era una niña de quince y ahora he despertado de nuevo? Imposible. Tengo recuerdos de cuando era pequeña, no de cuando era pequeño. Recuerdo que cambié mi aspecto tiñéndome el pelo de rubio a moreno y agujereando mi cara para no parecerme a Greg. Recuerdo el río que hay detrás de mi casa. Recuerdo las noches de insomnio por pasármelas llorando. Recuerdo muchas cosas siendo Martha, pero sin embargo no tengo casi ni un solo buen recuerdo de serlo.

Una canción de género Pop Rock acompañado de una vibración me devuelve al mundo real. Hay un móvil en el asiento de al lado, nunca había escuchado antes esta canción. Lo cojo y se lo doy a Liam para que conteste.

- ¿No vas a contestar, Niall? - dice Liam sin girar del todo la cabeza para verme.

Espera, ¿qué? ¿Qué lo coja yo? ¿Y qué digo? En la pantalla pone Louis, cada vez la música se oye más alta. Pero es que no me atrevo a darle al botón para responder.

Haya voy.

- Hola… - digo esperando que la otra persona responda.
- Tío siento llamarte ahora, a las siete de la tarde. He estado todo el día ocupado y El se ha empeñado en vigilarme el móvil, ya sabes… cosas de novias - Hace una pequeña pausa -. Bueno, Elisabeth me ha dicho antes que Liam me había llamado para decirme que no había sido nada, solo habías estado inconsciente catorce horas, pero que todo ha salido bien. Me alegro por ello, me tenías muy preocupado.
- Supongo que lo siento… - Respondo con miedo, no sé el aspecto de la persona con la que estoy hablando.
- Sí, lo sientes... - dice con voz de indignación pero a la vez divertida -. Ya verás cuando te vea, se te van a quitar las ganas de jugar con motos estando ebrio.

Miro la pantalla del móvil, ¿y este tío de que va? Oigo que sigue hablando y vuelvo a ponérmelo en el oído.

- Sabes que lo digo en broma, pero la próxima vez estaremos más pendientes de ti. - supongo que se referirá a lo de la supuesta fiesta que tuve anoche. Que tuvo Niall.

- Tengo que colgar, adiós. - No le da tiempo a despedirse y le cuelgo.

Liam se gira extrañado hacia a mí. Los nervios me corroen por todo el cuerpo y mis manos empiezan a sudar.

- ¿Quién era? - pregunta.
- Era…Louis. - Respondo mirando la pantalla del móvil para acordarme.

Después de media hora de camino, llegamos a nuestro destino. Salgo del coche un poco mareada y cierro la puerta con cuidado pero torpemente.

Espera, esta calle ya la he visto yo antes alguna vez. Reconozco a una persona pelirroja yendo en bicicleta.

Un momento.

¿Ed?

Capítulo 1

expr:id='"post-body-" + data:post.id' itemprop='description articleBody'>

Tras una serie de pitidos seguidos, despierto. Habrá sido todo una pesadilla, una vez más he fallado el intento de suicidarme. Miro hacia mí alrededor, ¿dónde estoy? Me pregunto. Este no es mi cuarto. Esta no es mi cama. Miro hacia abajo y observo que estoy vestida con una bata blanca, ¿qué está pasando? ¿Me habrá salido mal la jugada? Me miro las manos, las cuales ahora son mucho más grandes… Tengo miedo. Con mucho cuidado me toco la cara, no está mi pelo largo, tampoco mis piercings. Toco suavemente la parte trasera de mi cabeza, me duele mucho. Hay puntos, ¿me habré hecho una brecha? ¿Me habrán cortado el pelo? Mi corazón va a mil por hora. Si esto es un mal sueño  necesito despertar.

Una señora de melena rubia se acerca a mí rápidamente con lágrimas en los ojos, me incorporo para verla mejor.

- Perdone, ¿qué hago en un hospital? ¿Dónde está mi familia? - Pregunto con preocupación.
- Niall cariño… - La señora me abraza y me empieza a dar besos sin parar - Ha sido todo un accidente, creía que te perdía. - Me coge de la cara con las dos manos muy frágilmente - Escúchame cielo,  volvemos a casa. No ha sido nada.

Noto en sus ojos una mezcla de tristeza y alegría.  ¿Quién es Niall? ¿Quién es ella? Estoy muy confundida.

- Creo que se confunde señora, yo no debería estar aquí. - Le digo con la voz entre cortada, ella me observa mientras me sonríe, como si nada de lo que digo le importase-. No… no soy tu hijo.

La puerta de la habitación se abre tras nosotros y un chico de pelo castaño con una camiseta de los Lakers se dirige hacia la camilla. La señora le acaricia el brazo y ambos me miran con una sonrisa un tanto triste.

- Cómo estás, campeón - Dice el chico mientras me toca la frente, gira su mirada hacia la señora que sigue mirándome como si fuese un tesoro -. No tiene fiebre, mamá.
- Quiénes sois, quiero salir de aquí. - digo mirándolos con miedo -. Cómo he llegado a parar aquí.

El chico se sienta con cuidado en los pies de la camilla y apoya su mano en mi pierna, su mano es cálida y me transmite confianza. Sin embargo no lo conozco y aparto la pierna para que no se apoye.

- Niall, soy Liam, tu hermano. ¿No te acuerdas de nada? Ayer bebiste demasiado y esta madrugada cogiste mi moto, cosa que te dije que no hicieses. Y ahora te ves aquí, pero por suerte solo ha sido una brecha muy pequeña y ayer los médicos ya se encargaron de que estuvieses bien.

Noto como mi rostro se aprieta y las lágrimas empiezan a caer. Quiero salir de aquí. Sin querer mientras hablo subo mi tono de voz.

- ¡No! Ayer estaba en mi casa, yo ayer no fui a ninguna fiesta. No os conozco de nada, ni a ti ni a ella. No sé conducir, no me gustan las motos. No sé qué está pasando pero quiero volver a casa.- salgo de la camilla como puedo, dándole sin querer una patada al supuesto Liam y me dirijo al baño. Escucho de fondo los murmullos de la mujer y Liam comentando mi comportamiento, pero me da igual.

- Dejémosle Liam, se encuentra indispuesto ahora mismo. Ayer lo pasó muy mal.

Una vez que he escuchado esto, me asomo a la habitación desde el baño y los veo saliendo por la puerta. Enciendo la luz y me miro al espejo. Dios, no. No. Qué es esto. Quién es este chico.

En silencio me sigo observando, cómo he llegado hasta aquí. Lavo mi rostro con cuidado y sin querer las puntas del pelo se me mojan. Vuelvo a ser rubia. Pero no vuelvo a ser yo.

Me siento en la tapa del inodoro y me quedo pensando en lo que acabo de ver. Es todo tan raro que no consigo ver las cosas claras. ¿Habré soñado mi otra vida? ¿Esta vida es un sueño? ¿Despertaré siendo Martha? ¿O he despertado siendo Niall? Todo de repente se vuelve borroso, me estoy mareando.

                                                                       



Abro los ojos y estoy de nuevo en la camilla, pero ahora hay dos médicos mirándome con una libreta en la mano.

- ¿Qué ha pasado? - digo incorporándome.
- Has tenido un mareo, pero tranquilo chaval, está todo bien. Tu madre volverá de un momento a otro con tus cosas y os iréis a casa - dice el señor con gafas mirándome con una sonrisa infantil, como si yo fuese tonta.

Liam se acerca a nosotros y el señor que me ha sonreído le da un par de palmaditas en la espalda. Liam le devuelve la sonrisa y me mira.


- Vamos, vístete que los colegas están preocupados. - Me da la mano para que me levante y yo la cojo, prefiero no preguntar quiénes son los colegas.

Me trae unos tejanos rotos y una camiseta naranja con el signo “+” en ella de color blanco. Estoy de pie delante de él sin decir palabra y él me mira extrañado.

- Vamos Niall, no querrás que te vista yo ¿no? - Suelta una carcajada y me pone la ropa encima de la mano. ¿No querrás que me vista así, no?
- ¿Cuántos años tengo? - digo de repente, Liam me mira con los ojos abiertos como platos y ríe aún más.
- Tierra llamando a Niall. – Ríe -. Diecinueve, como Harry. ¿Ahora me vas a decir que no lo conoces, verdad? Venga vamos al coche, anda. - dice dándome un beso rápido en la mejilla.

Pues no, no lo conozco. Pero me da a mí que no voy a tardar mucho en hacerlo.





No quiero seguir aquí

expr:id='"post-body-" + data:post.id' itemprop='description articleBody'>

Una piedra, dos piedras, tres piedras. Pierdo la cuenta de cuantas he tirado ya al río, sinceramente no me importa en absoluto. El cigarrillo se está consumiendo poco a poco al igual que mi alma, se vuelve más pequeño a cada calada.  Cada vez veo más borrosa esta imagen, el río pasando lentamente mojando mis pies haciendo que mi mente tenga las ideas más claras y la parte trasera de mi casa, antigua y con la pintura desgastada. Escucho los gritos de mi madre, sé que me está buscando al igual que mi hermano mayor, Greg, pero no quiero volver a casa. He cambiado mi aspecto desde que Greg cumplió los veinte: ahora mi pelo, que anteriormente era rubio,  es de color carbón oscuro; tengo las orejas completamente agujereadas; mi  nariz y mi labio están perforados también y mis muñecas están llenas de cortes horizontales… mas no tengo el valor de cortar en vertical. Greg empezó a pegarme, poco antes de que nuestro padre se fuera de casa y por esa razón ahora él es el que manda en ella y hay que hacer todo lo que él diga. Él no era así.

Ojalá pudiese cambiar mi vida, ojalá pudiese volver a empezar todo de nuevo y no errar como lo he estado haciendo hasta ahora. Ojalá nunca hubiese nacido. Ojalá… no fuese Martha.

Una voz un tanto grabe interrumpe mis pensamientos mientras una mano me agarra del hombro haciéndome daño. Sobresalto del susto y mi cigarrillo cae al río. Sé perfectamente quién es.

- ¿Se puede saber dónde coño estabas? - grita Greg con los ojos llenos de furia-. ¡Son las once de la noche! Estoy harto de que últimamente pases de todo. Venga, cagando ostias a casa. Llevamos dos putas horas buscándote para que ahora resulte que estabas detrás de casa, me pones enfermo.  Mamá está llorando y tú aquí, en tu mundo de niña repelente, ya va siendo hora de que alguien te de dos buenas… - Le interrumpo levantándome con lágrimas en mis ojos.

- ¿Dos buenas qué? ¿Tundas? ¿Bofetadas? ¡Déjame! - digo en son de que se vaya, más mi plan no ha funcionado del todo bien.

Me agarra del brazo y prácticamente me arrastra a casa. No aguanto más, la impotencia es absoluta. Siento mi alma desgarrada, ¿dónde está el adolescente que me apoyaba? No entiendo nada. Intento escapar de él, apenas me ha dado tiempo a ponerme los zapatos, tengo los pies desnudos y ahora llenos de piedrecitas clavadas en la palma de estos. Las lágrimas empiezan a caer una tras otra, sin pausa.

Una vez que estoy ya en la puerta consigo deshacerme de él e ir corriendo a mi cuarto. Pero Greg no se rinde y entra conmigo. Esta vez un poco más calmado, se apoya en mi puerta y se queda pensativo mirando al suelo tocando su melena rubia, sin mirarme.

- Martha, yo… - dice girando su cabeza hacia a mí. No quiero saber nada de él.
- Olvídame, no sirvo para nada, ya lo sé, por favor vete. - digo sin fuerza en mi voz, veo su reflejo borroso de las lágrimas.
- Lo único que quiero es que me obedezcas, soy tu hermano mayor y ahora que no está papá tengo que ser yo quien cuide de ti - Se acerca a mí e intenta girarme la cara para que lo vea. No va a arreglar nada hablando, ya ha hecho suficiente.
- Papá no me trataba así, no me pegaba cada vez que no hacía lo que él me decía.  Ahora por favor vete, fuera de mi habitación. Cierra la puerta al salir. - Sollozo abrazando mi almohada celeste y dándome la vuelta.

Greg frunce el ceño y se da la vuelta para salir, dando un sonoro portazo. Mi madre lo más seguro es que ya esté durmiendo, nunca le ha gustado que Greg y yo peleemos. Cabe decir que tampoco hace nada para evitarlo.

Intento no pensar en nada y quedarme dormida, pero no puedo. No puedo descansar pensando en la escena que he vivido, nuevamente. No he cenado nada, pero no tengo hambre tampoco. Miro por la ventana y veo a Ed, mi vecino de unos veintidós años, el cual a estas horas siempre está tocando la guitarra y cantando tan bajito que casi ni yo puedo oírlo estando al lado. Sin duda, por muy poco que pueda oírlo, no puedo evitar disfrutar de esa canción. Me mira y deja la guitarra en el sofá para coger el móvil y por lo visto hacer una llamada.

De repente mi móvil empieza a sonar. Lo cojo como puedo con el pie porque está casi al final de la cama y no tengo fuerzas para moverme. Una vez en mi mano, lo apoyo en mi oído y escucho su voz. Su dulce voz.

- Sé que no estás bien, ¿ha vuelto a ponerte la mano encima?- dice de sopetón.
- Sí, lo ha hecho…- Sollozo, casi no se me entiende lo que estoy diciendo-. Ed, necesito ayuda, no quiero seguir aquí. Me siento muy rota esta vez, muy rota.

Miro nuevamente por la ventana y ahí está él, mirándome mientras habla, un chico pelirrojo al que gracias a él hoy sigo aquí. No es la primera vez que me ha servido de apoyo en un momento como este. Es la persona más importante para mí porque ha evitado muchos incidentes que he podido tener conmigo misma.

- Sabes que siempre tienes mi casa, Martha. No llores pequeña, no es fácil vivir la situación que estás viviendo, pero no estás sola. Siempre vas a poder recurrir a mí - Me sonríe dulcemente y me arquea una ceja. Ojalá pudiese devolverle la sonrisa.

- No me refiero a dejar la casa…- pongo mi mano sobre mi frente, notando mi cabeza a punto de estallar -. Quiero dejar esta vida.
- La felicidad solamente te la vas a poder dar tú, pequeña. Yo cuando me siento así toco acordes con la guitarra y salen canciones. Con esto quiero decirte que hasta de las peores cosas se puede sacar un fruto, no puedes rendirte ahora, eres muy joven - Su voz es muy tranquila, es como una dulce melodía.

- Ed, tengo que colgar - No quiero hacerlo -. Hablamos mañana, gracias por todo.
- Buenas noches, descansa - Me asomo a la ventana y observo cómo coge la guitarra para seguir tocando.

Odio que se preocupen por mí, porque yo no sería capaz de ayudar a alguien. Soy una inútil. Le he dicho que hablaríamos mañana, pero nadie sabe si lo volveré a ver, si mañana seguiré aquí. Me quedo llorando hasta tarde, se me hace imposible conciliar el sueño.


Me dirijo a la cocina y miro el reloj, las cuatro menos cuarto. Abro el cajón de los cubiertos y entre ellos un cuchillo afilado, de los que se usan para cortar la carne. Lo cojo con miedo y miro mi triste reflejo en él. Una niña de quince años con la cara completamente roja y húmeda, ¿qué piensas que vas a hacer? Dice mi conciencia.
- Lo que llevo pensando hacer hace ya mucho tiempo.- Contesto con un hilo de voz mientras me sigo viendo reflejada.

Me dirijo al baño y lavo mi rostro, ¿estoy segura de que quiero hacerlo? ¿Es la hora de acabar con todo esto? ¿Tan mal van las cosas como para que me quite la vida? Preguntas difíciles de contestar pasan por mi cabeza, mas no obtienen respuesta alguna.

La única razón por la que sigo aquí es porque no he tenido el valor suficiente de hacerlo antes, pero ya va siendo hora de que alguien note mi ausencia.

Dicho esto, no vuelvo a sentir nada más.